El pasado 3 de septiembre se presentó en Bogotá, Jorge Oñate con su acordeonero Christian Camilo en un reconocido establecimiento nocturno. El “Jilguero de América” como lo bautizó el periodista Juan Gossain, demostró porqué con el paso de los años, sigue siendo un artista serio, profesional y respetuoso con su fanaticada.
La vigencia de su imagen entre los vallenateros tradicionales y los jóvenes radica en la entrega que impregna en cada presentación que realiza en vivo. En la capital del país, dejó constancia que su voz con el paso de los años, se asemeja al popular adagio que el vino añejo es mejor, su voz intacta hace evocar los cañaguates, los caminos polvorientos de la Sierra Nevada, el sol canicular de la Guajira, la belleza de la mujer costeña, el amor de estudiante bajo el palo e' mango o la tusa de un amor no correspondido. Ese es “El Ruiseñor del César”, que con sus cantos costumbristas, sus temas que hablan de amor, sus canciones alegres, nos enseña que el vallenato no es una moda del momento. El vallenato en la voz de Jorge es aire y agua, es la representación citadina del colombiano que vemos en los cantos del Valle de Upar el reflejo a nuestras vivencias.
Personalmente resalto que Jorge Oñate, es un ejemplo a seguir. Persona seria, profesional que al subir a una tarima, se entrega a través de sus canciones. No malgasta el tiempo y el valor de una entrada de su fanaticada en insultos, en hablar tonterías, en pretender que en ser guapo tras un micrófono se gana más adeptos y seguidores. Sus presentaciones en vivo son dignas de resaltar.
Jorge es un fiel ejemplo para que muchos artistas jóvenes y aquellos que ya son ídolos sigan sus pasos: Un profesional a carta cabal.
Jorge Oñate……. “magistral”.
Crónica: Álvaro Cruz.
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